Las comparaciones entre mellizos

Muchas veces es inevitable comparar a tu bebé con otros bebés, pero es más complicado cuando tienes mellizos. Descubre cómo Adriana ha logrado superar esta barrera.

Cuando tengo la oportunidad de conocer a otras personas y se enteran que soy mamá de mellizos, generalmente aprovechan para aclarar todas sus dudas sobre cómo es la crianza y desarrollo de múltiples, pero hay algo que siempre me ha llamado la atención, y me ha puesto a reflexionar, y es que en muchas de sus preguntas comparan a mis mellizos Julieta y Sebastian: ¿Quién caminó, habló, gateó primero?, ¿Quién es más tranquilo y quién el más inquieto?, ¿Quién come más? Y son preguntas hechas desde la curiosidad, pero que en muchas ocasiones son difíciles de responder, porque dentro de mi cabeza empiezan las comparaciones entre ellos.

“Las comparaciones son odiosas” dicen de donde soy, y sí que lo son, porque al hacerlas entre mis hijos, me enfoco en lo que les falta, no en lo cada uno ha logrado, también los limito porque es como si solo existiera una sola forma de ser y un único momento para hacerlo. La realidad es que la comparación es una situación a la que me enfrento todos los días, y quisiera contarles un poco más sobre cómo he lidiado con ella. 

¿Es natural comparar? ¿Incluso a los mellizos?

En la sociedad pareciera que las comparaciones son inevitables, y cuando se trata de bebés o niños pequeños fluyen de manera más natural, ¡todo el mundo las hace! y con gran autoridad, sin importarles que no son especialistas en el tema de desarrollo infantil.

Desde que soy mamá me enfrento a comentarios como: “el bebé de Pepita caminó a tal edad, y ¿el tuyo?”, “el bebé de Susanita ya tiene 3 años y va al baño solito y ¿los tuyos?”, “el bebé de Mengana duerme en su habitación solito desde los 6 meses y ¿los tuyos?”, etc.

Cuando tienes mellizos no solo te enfrentas a las comparaciones con otros niños, sino también, a las que haces cuando tienes dos bebés de la misma edad. Pero nada más lejos de la realidad, mi experiencia no ha sido así, cada uno de mis hijos ha tenido su propio ritmo, ha alcanzado sus hitos de desarrollo en momentos diferentes y su forma de aprender también es única para cada uno de ellos.

Compararlos, además de ser muy frustrante porque es intentar meterlos a los dos en un mismo molde en el que claramente no encajan, también tiene un precio muy alto y es que me pierdo la oportunidad de reconocerlos únicos, de disfrutar sus logros en lugar de resaltar lo que les falta. 

Mamá de mellizos: Un poco de nuestra historia

Les quiero contar un poco más de mi experiencia de lidiar con las comparaciones entre mellizos. Cuando los niños habían cumplido cerca de 7 meses, Julieta empezó a tener un desarrollo motriz satisfactorio, en poco tiempo empezó a hacer rollitos en la cama cuando estaba acostada y se volteaba con mucha facilidad, por su parte Sebastian aún no lo hacía.

Me empecé a preocupar y recuerdo trasladarle esa inquietud a la fisioterapeuta del programa canguro y a la pediatra quienes muy amablemente me decían: “¡tranquila! Sebastián está súper bien, su desarrollo está en los tiempos normales, además mira que ya se sostiene muy bien al estar sentado, solo le falta un poco de fuerza para voltearse”. Pero yo no escuchaba razones, me encasillé en que tenía que voltearse igual que Julieta y como lo hacían otros niños de su misma edad.

Empecé a hacerle ejercicios todos los días, y de alguna manera a forzarlo, sentía una frustración tan grande por no lograrlo. Recuerdo un día, en que empecé a hacerle los ejercicios para que Sebastian “aprendiera a voltearse”, como si eso se enseñara, pero mi bebé empezó a llorar, él no quería a la mamá intensa que hacía ejercicios, él quería jugar.

En ese momento me sentí tan frustrada, llevaba más de un mes y Sebastián nada que lo lograba, eso me dolía mucho, y recuerdo ese día cuando la señora que me ayuda en casa se volteó y me dijo: “Ya Sra. Adrianita, no moleste más al niño, él se va voltear cuando esté listo, no cuando usted quiera” esas palabras fueron como una gran cachetada para mí, confieso que al principio me molestaron mucho, pero cuanta sabiduría había en ellas. Yo estaba siendo una mamá intensa y psico-rígida tratando de hacer que mis hijos siguieran un manual de instrucciones con cronograma y todo, olvidando que son seres únicos y maravillosos.

Dejé de hacer los ejercicios y a la semana exacta empezó a voltearse solito y a hacer los rollitos que tanto me preocupaban. Ese día entendí que yo tenía dos formas de vivir la maternidad de mellizos, una comparándolos entre ellos como si estuvieran en una competencia o la segunda permitiéndoles ser y crecer según sus propios ritmos. 

Mi elección en cuanto al desarrollo de los mellizos

Elegí la segunda porque entendí que el hecho de que sean mellizos solo los hace hermanos, no iguales, y también porque me di cuenta de que el precio de las comparaciones es muy alto, siempre hay alguien que sale debiendo y me impide ver lo que cada uno de ellos sí ha logrado, los limita, es como si solo pudieran ser lo que mis expectativas quieren que sean.

Después de esto, cada uno ha tenido un desarrollo diferente: la forma en que aprendieron a gatear fue distinta, pero ambos lo lograron, cuando aprendieron a caminar y luego a hablar, la dejada del pañal, etc., cada uno de esos hitos los han alcanzado, pero en tiempos y en formas distintas.

Y sí, les confieso que en mi cabeza es inevitables no compararlos, y que a veces ante la duda lo consulto con la pediatra o con un especialista en el tema, pero también decido respirar y acompañar a cada uno en su proceso con la confianza de que lo van a lograr, a su ritmo y a su manera, mi única tarea es acompañarlos y darles las herramientas que necesitan.

Acompañar a mis hijos mellizos a crecer me ha enseñado que no por ser de la misma edad son iguales, y que respetar su individualidad los hace únicos, dándoles la confianza que necesitan para aprender, arriesgarse a explorar y conocer más del mundo.

Adriana Wilchez

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