Como me convertí en mamá de mellizos: mi historia

Para Adriana ser mamá de mellizos ha sido una aventura llena de sorpresas y una constante negociación con sus expectativas. Conoce esta gran historia de maternidad.

Debo confesar que cada vez que pensaba en ser mamá, se venía a mi cabeza la imagen de la familia feliz con su bebé en brazos, como en un cuento de hadas, posando con una linda sonrisa para la foto tipo postal que compartiríamos al mundo entero. También me visualizaba teniendo un parto natural, en donde mi esposo iba a estar al lado mío, sosteniendo mi mano,acompañándome en el momento mágico en el que nacía nuestro bebé. Se me llenaba el corazón imaginando la llegada a casa, con nuestro bebé y la felicidad de poderlo presentar a nuestras familias.

Pero la verdad es que nada fue como lo soñé, nada fue como lo planeé; convertirme en mamá de mellizos ha sido una aventura llena de sorpresas, una constante negociación con mis expectativas , una oportunidad para aprender a navegar en la incertidumbre y enseñarle a mi mente planeadora y controladora que, aunque las cosas no salieron como lo proyecté, ha sido una experiencia transformadora llena de amor y valentía . Aquí va mi historia…

¿Son dos?, ¿mamá de mellizos?, ¿WHAT?!!!

Fue en un diciembre cuando la prueba de embarazo por fin dio positivo, no les puedo explicar la felicidad que sintió mi corazón. Quería ser mamá y después de un año de intentarlo por fin recibíamos esta hermosa noticia.

A la semana 12 de embarazo tuve mi primera ecografía. Ese día estaba muy ansiosa, sentía miedo que mi bebé no estuviera bien, que su corazón no latiera, de volver a vivir el dolor de una perdida. Pero el miedo me duró hasta que la doctora puso el ecógrafo en mi panza , y pude ver en el monitor a mi bebé moviéndose como pecesito dentro de mí.

Cuando la doctora me dijo que eran dos bebés, quedé en shock, ¿cómo así, dos bebés? ¿en qué momento me convertí en mamá de mellizos? Fue absolutamente hermoso, aún puedo sentir la alegría, y la gratitud por el milagro de la vida que estaba presenciando. Ese día viví una invitación a dejarme sorprender, a aprender a recibir lo que la vida tenía para mí, que no necesariamente era loque yo había pedido, era mucho mejor.

La historia de mi parto

Debo confesar que soy un poco ñoña, así que se imaginarán que me leí un montón de libros sobre el embarazo, bajé mil aplicaciones que me mostraban el crecimiento de los bebés y fui a todas las clases del curso psicoprofiláctico. Comencé a investigar sobre cómo era el parto natural múltiple, porque yo quería que mis bebés nacieran de forma natural, la teoría dice que es lo mejor, y quiero lo mejor para nosotros, pero como todo, la práctica a veces es otra historia.

Cuando cumplí 34 semanas de embarazo inicié trabajo de parto inesperadamente, y dadas las condiciones de mis bebés y embarazo, lo mejor era hacer una cesárea. Sí, nuevamente mis planes debían cambiar, pero a estas alturas nos enfrentábamos a un parto prematuro en donde el bienestar de mis bebés era la prioridad; así que respiré profundo y decidí depositar toda mi confianza en mi médico.

Lo que más me asustaba de la cesárea, era la epidural, había escuchado tantas historias trágicas sobre este tipo de anestesia que me daba miedo que todo saliera mal; sin embargo, todo era tan rápido que no había otra opción que asumirlo. Respiré profundo, me aferré a mi fe y confié en las palabras del anestesiólogo quien me aseguró que todo saldría bien.

¡Yo decido confiar en la vida!

En el parto Julieta nació primero, no pude verla porque necesitaban ponerle oxígeno y estabilizarla, un minuto después nació Sebastián; me lo acercaron y pude sentirlo por un momento, perotambién presentó dificultad respiratoria, así que mis bebés debieron ser trasladados a la Unidad de cuidados Intensivos de Neonatos (UCIN)… ¡PLOP!

Debo confesar que, aunque en embarazos múltiples la probabilidad de que los bebés nazcan prematuros y deban ser hospitalizados es alta, yo nunca lo consideré una opción, y ahora era nuestra situación.

¡Sí, lo admito! Fue difícil para mí que mi parto no saliera como quería; había soñado con ese momento y no poder besar y abrazar a mis bebés justo después de nacer fue doloroso.

Al día siguiente, a primera hora, estaba en la UCIN, pude conocer a Julieta y ver nuevamente a Sebastián; verlos con oxígeno y conectados a muchos aparatos no era lo que esperaba. Sus primerosdías fueron difíciles, pero verlos luchar por su vida me llenaba de fuerza, sentía un amor inmenso y la tranquilidad de que todo iba a estar bien.

Mis bebés, en sus primeros días, me mostraron que la valentía es luchar por la vida, es mirar el miedo a los ojos y decirle: yo sé que estás aquí, pero ¡yo decido confiar en la vida!

Cambio de prioridades al ser mamá de mellizos

A pesar de saber que mis hijos necesitaban estar en la UCIN, porque aún debían madurar un poco más y compensar en una incubadora el tiempo que les faltó en mi vientre; regresar a casa sin ellos fue muy frustrante.

Cuando iba en el carro me derrumbé, la frustración y el miedo se apoderaron de mí, sentía un nudo gigante en la garganta y parecía que las lágrimas no se iban a acabar nunca. De repente, como una hermosa señal, empezó a sonar en la radio la canción con la que mis bebés siempre se movían cuando yo estaba embarazada. Fue un momento mágico, lleno de fuerza, un mensaje divino que merecordaba que todo iba a estar bien.

Julieta y Sebastián, estuvieron 16 días en la unidad de neonatos. Llegaron a casa con oxígeno y como bebés canguros; la felicidad de tenerlos por fin con nosotros es inexplicable, vivir el milagro de la vida definitivamente cambió nuestras prioridades: estar vivos, poder sentir y abrazar a nuestros hijos es más que suficiente.

La felicidad era infinita, habíamos superado estos primeros días; pero no teníamos ni idea de los desafíos que pronto tendríamos que asumir.

Adriana Wilches

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