El cansancio de una mamá de mellizos

El agotamiento de ser mamá por dos puede llevar al caos físico y mental ¡Tranquila mamá! Puedes manejarlo y descubrir cómo el cansancio es uno de tus aliados.

Hay días en que solo quiero salir corriendo sin mirar atrás, dormir un día entero sin interrupción, o simplemente sentarme a hacer nada en el sofá. Porque en la maternidad hay días difíciles, en los que el cansancio me abruma y es justo en esos días cuando mis hijos mellizos Julieta y Sebastián me necesitan más, piden más atención de lo normal, y yo no me siento con la energía suficiente para darles lo que necesitan en ese momento.

Debo confesar que el cansancio ha estado presente en toda mi maternidad, es como si se hubiera instalado en mi vida el día del parto y no quisiera irse jamás. Y ¡claro! Cuando tienes mellizos y estás a cargo de su crianza, tienes tantas cosas que hacer, que el solo hecho de hacer la lista de tareas diarias puede parecer abrumador. A veces son más las cosas por hacer que mi capacidad para hacerlas, haciéndome sentir desbordada y en ocasiones llegando a cruzar el límite del cansancio en donde ya no puedo escuchar, ni pensar con claridad, en esos momentos estar sola a cargo de mis hijos era muy difícil, porque perdía la paciencia fácilmente y era imposible conectar con ellos.

Hoy, cuatro años después, les puedo contar que el cansancio sigue, cada edad tiene sus propios retos y desafíos, y por ende, la lista de tareas interminables también, pero hay algo que sí ha cambiado: mi relación con el cansancio, y quisiera contarles un poco más de esta historia. 

¡Los niños van creciendo y se siente como correr una maratón!

Cuando mis hijos tenían 10 meses empezaron a gatear y rápidamente aprendieron a parase solitos, lo que les permitía explorar el mundo con mayor independencia, aquellos días eran una locura, generalmente yo estaba sola con ellos, así que la escena diaria era estar corriendo detrás de cada uno, me sentía como Elastic Girl tratando de llegar a cada espacio de nuestro apartamento para evitar que mis hijos se golpearan, o se echaran encima algo pesado. Recuerdo llegar al final del día y sentir un cansancio en el cuerpo que no les puedo explicar, era como si hubiera corrido una maratón.

Cuando mis hijos ya estaban un poco más grandes, cerca al año y medio, habían ganado mucha más autonomía, caminaban solitos con mucha seguridad y sin tantas caídas. Aunque aún requería un esfuerzo físico de mi parte, empezaron unos nuevos desafíos: empezaron los berrinches y las famosas pataletas, y con ello, una nueva faceta del cansancio que no conocía, el cansancio emocional.

Me resultaba agotador cada vez que mis hijos empezaban a gritar y a llorar desconsolados cuando no obtenían lo que querían, y recuerdo esos días difíciles en los que las horas se me iban entre una pataleta y otra, llegando al límite de no saber qué hacer ¡SÍ! porque lo más difícil de las pataletas es que no sabía cómo manejarlas, a veces quería sentarme a llorar con ellos también. Vivir todo esto me hacía sentir mucho más cansada que cuando corría una maratón diaria. 

¡No sé cómo parar!

Este cansancio emocional se fue acumulando hasta que no di más. Me sentía muy triste y además me empecé a enfermar, sufría constantes gripas, dolores de garganta, migrañas, mi cuerpo empezó a decir lo que yo no era capaz de asumir. Para ese momento estaba totalmente sumergida en la maternidad, literalmente no hacia ninguna otra cosa más que ser mamá, porque sentía que el día no me alcanzaba y en realidad era que no tenía tiempo para hacer nada más.

Recuerdo un día en la noche cuando me dio una migraña muy fuerte, hasta tal punto que tuve que llamar a mi esposo al trabajo y pedirle que volviera pronto a casa porque no me sentía bien. Cuando mi esposo llegó era la hora de dormir de los niños, así que él los intento acostar, pero los niños no querían dormirse con él, los niños querían dormir con mamá, como todas las noches. Ante el llanto desconsolado de Julieta y Sebastian accedí, y recuerdo la escena de los dos en la habitación de los niños acompañándolos a conciliar el sueño, y yo tratando de sostenerme con el dolor tan fuerte que sentía.

Ese día dije: “¡No más!, esto no puede seguir así”. El tema del cansancio es que me estaba impidiendo disfrutar de mi maternidad y no podía seguir evadiéndolo.

Apoyo emocional: ¡Mamá no estás sola!

Empecé a buscar ayuda en documentación sobre crianza positiva, blogs de maternidad, libros, etc., con la esperanza de encontrar la receta mágica contra mi cansancio extremo. Descubrí algunas herramientas interesantes, pero debo confesar que mi mayor alivio fue poder hablar de ello. Me reuní con mis amigas mamás y puse el tema sobre la mesa, el poder hablar sin culpa sobre el cansancio que sentía fue un alivio. Pero escuchar que ellas también a veces se sienten desbordadas, que el cansancio también las abruma, y el darme cuenta de que no soy la única que quiere salir corriendo sin mirar atrás fue demasiado liberador.

Esta fue la mejor terapia de todas, poder contar con un grupo de mamás con las que me identifico y puedo hablar sin ser juzgada, es algo muy importante en mi maternidad, y empezar a sacar espacio para una llamada o para un café fue un buen comienzo.

El cansancio se convirtió en mi aliado

Un poco más aliviada empecé a entender que el cansancio es una señal que me indica mi nivel de batería, que en algún punto tendré que parar a recargarme, y en mi poder esta elegir en cual punto lo hago y cómo lo hago.

Así que empecé a buscar actividades, además de dormir, que me recargaran. Al principio no tenía ni idea por dónde empezar, toda mi vida había estado centrada en algo diferente a mí, primero fue el estudio, luego el trabajo, y ahora la maternidad. Así que saber que era lo que me llenaba de energía no fue tan fácil.

Empecé por explorar, probar y recordar que era lo que me gustaba hacer, hasta encontrar actividades cotidianas que me nutren, como tomarme un café, leer, escribir, hacer yoga, pero estas actividades parecían tomar mucho tiempo cuando estas a cargo de niños pequeños, así que empecé a sacar tiempo para ellas cuando los niños dormían.

Esto me ayudo a sentirme mejor, pero la jornada con los niños era muy larga, y durante ella, necesitaba parar, porque si algo me había enseñado el cansancio es aprender a parar antes de gritar, antes de descargar en mis hijos lo que no puedo manejar en mí.

Fue así como llegó la meditación a mi vida, puntualmente la respiración consciente ha sido mi mejor herramienta cuando me siento desbordada, porque la tengo en mí, ante un momento difícil, paro, respiro profundo las veces que lo necesito y sigo. Aunque suena muy sencillo, en la vida real fue más complejo, han sido días de práctica constante, de desarrollar en mi la habilidad de observarme todo el tiempo para identificar las señales del cansancio antes de estallar, a veces lo logro y otras no, siendo estas cada vez menos frecuentes. 

Involucrar a mis mellizos ¡aprendamos juntos!

Luego me atreví a hablarles del cansancio a mis hijos, les cuento como me siento en ese momento (cansada, agobiada, abrumada) y les explico que necesito parar a respirar, y empiezo con mis ejercicios de respiración, al principio ellos solo me miraban, ahora me acompañan intentado hacer lo mismo que yo, es más a veces me dicen: “¡Mamá!, respiremos como un dragón”, porque así llamo a la respiración cuando estoy agobiada.

El descubrir el mensaje que el cansancio trajo para mí fue un regalo maravilloso, porque no solo me ha permitido sentir paz y disfrutar del caos que trae la maternidad, sino también ha sido la oportunidad de empezar a recuperar mi lugar, de darme tiempo para nutrirme y darle lo mejor a los que amo, porque amar incondicionalmente necesita de una batería llena. Encontrar la forma de conciliar esos espacios con las rutinas diarias es un gran desafío, pero vale la pena, y solo yo lo puedo hacer por mí misma.

Adriana Wilchez

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